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Ejercítate. Lee, escribe

No hay otra fórmula para ejercitarse en el arte de la escritura que escribir. Pasar las historias geniales que se nos ocurren al papel no es nada facil y la única forma de coger soltura es mediante la escritura y la lectura.

Lectura para aprender, para intuir, para imitar, para hacernos pensar, para criticar, para entretenernos...

Escritura para concentrarnos, para ganar precisión, para imaginar, para engañar, para tropezar, para aprender, para compartir...

Con la lectura repasamos la ortografía y gramática que estudiamos en el colegio, nos ayuda a comunicarnos mejor y a ampliar nuestro vocabulario, todo un proceso de imitación inconsciente que absorbemos con rapidez. La lectura nos propone temas que desconocemos, estilos nuevos y mundos en los que internarnos y analizar.

Cuando leemos también se pone en marcha un mecanismo de crítica. Hay pasajes o personajes que nos gustan, otros que no nos convencen, libros que empiezan bien y van aflojando su interés, otros que no nos atraen mucho al principio pero le damos unas páginas más de oportunidad antes de abandonarlo y entonces nos encontramos sumergidos en una historia en la que quedamos atrapados.

Para ponernos a escribir debemos leer antes lo que han escrito otros e intentar sacar nuestras conclusiones.

Investigación propia. Análisis

Para escribir no hace falta leer los grandes clásicos de la literatura, es recomendable, por supuesto, pero no indispensable, sobre todo porque los clásicos estaban bien en su época pero ahora el lector es muy diferente al de entonces. La investigación de las fórmulas mágicas que utilizan los libros para atraerte puedes analizarlas con los libros que ya hayan pasado por tus manos.

Coge un libro de los que te hayan gustado y piensa sobre él.

¿Qué partes del libro te gustaron más? ¿Cómo describió el autor esas partes: descripciones, diálogos, frases largas, frases cortas, apelación a los sentimientos? ¿Cómo crees que te preparó el autor para ese momento: biografías de los personajes (experiencias pasadas, traumas, personalidad), creación de misterios, descripción de la atmósfera?

¿Qué personaje te atrajo más? ¿Cómo evolucionó: cómo era antes, qué prejuicios tenía, a qué se dedicaba, cómo cambia al final del libro, qué experiencias le van marcando en el transcurso de la historia, qué aprende, qué consigue? ¿Cómo está caracterizado: descripciones, diálogos en los que participa, forma de hablar (coletillas, acento), humor?

¿Cómo está narrada la historia: se utiliza la primera persona, se cambia de perspectiva, abundan los diálogos, las acciones son rápidas?

Y ahora al contrario ¿qué partes de ese libro te parecieron más flojas? ¿Qué hubieras cambiado tú? ¿Qué hubieras quitado: algún personaje, subtrama, pasaje? ¿Hubieras añadido algo nuevo: un objetivo intermedio, un pasaje que ahondase en alguna temática, algún misterio? ¿Te pareció algún personaje o situación irreal? En definitiva ¿cómo lo hubieses mejorado?

También es bueno saber cómo no se deben hacer las cosas. Coge un libro que no te gustara y vuelve a pensar sobre él.

¿Lo terminaste? ¿Qué le faltó al libro? ¿Tenías la sensación que no avanzaba? ¿El lenguaje era demasiado complicado o demasiado simple? ¿Abundaban las digresiones que no aportaban nada? ¿Estaba mal documentado? ¿Los datos estaban introducidos con calzador? ¿Abundaban los pasajes irreales: fuera de las leyes de la propia historia? ¿Tuviste la sensación que el autor sacaba conejos de la chistera para resolver las tramas?

¿No lo terminaste de leer? ¿En qué punto decidiste que no tenía sentido seguir perdiendo el tiempo con él? ¿Qué te parecía insoportable?

¿Llegaste a sentir empatía con el protagonista? ¿Carecía de defectos? ¿Tenía algún objetivo claro? ¿Sobraban personajes? ¿Algún personaje cambió de personalidad drásticamente sin explicación? ¿La interacción de los personajes estaba forzada? ¿Los diálogos no eran creíbles?

¿Qué técnica crees que no supo aplicar bien el autor? ¿Utilizó la perspectiva de algún personaje que no daba juego suficiente? ¿Los capítulos con tramas o historias diferentes estaban mal intercalados? ¿Iba demasiado rápido y te costaba seguir la historia?

No seas tan negativo ¿hubo algo del libro que salvarías: algún pasaje que consiguiera atraerte, el principio de la historia, algún personaje que te llegara a caer bien? ¿Hubo algo innovador que te llamó la atención aunque no consiguiera salvar el resto del libro? ¿Aprendiste algo nuevo?

Algunas conclusiones

De todas esas preguntas anteriores sacarás tus propias respuestas, pero no debes aplicarlas como norma, ayúdate de ellas como pistas por las que guiarte. Algunas de mis conclusiones son estas.
  • Los pasajes que describen situaciones extremas funcionan bien, siempre y cuando tengan sentido en el desarrollo de la historia y no hayan venido de improvisto, sino que se produzcan tras haber anticipado algún elemento que entra en juego para dar sensación de credibilidad. Si el mundo que se presenta es fantástico y se rige por normas o leyes diferentes al mundo real éstas deben ser descritas, por lo general, al principio; si existen muchas leyes no deben intoxicar al lector al principio de la lectura, deben desarrollarse a lo largo del discurso con naturalidad y antes de que esa norma o ley intervenga en alguna trama.
  • Los personajes que son honestos, valientes y nobles desde el principio no son creíbles, deben tener algún defecto o algún miedo que superar. Si tienen un toque que los diferencie del resto, mejor: una obsesión, una forma de hablar peculiar, un sentido del humor (fino, negro, chabacano), una deficiencia, unos prejuicios.
  • Las subtramas dan movimiento a la historia de igual manera que la presentación y resolución de misterios menores en la trama principal dan la sensación de que la historia avanza.
  • Las historias en primera persona suelen llegar más al lector, utilizan la subjetividad y los pensamientos, sentimientos y objetivos del personaje quedan más claros. Si la narración es en tercera persona se utilizan los diálogos para remarcar esto.
  • Las tramas basadas en algún oficio, sociedad o colectivo poco conocidos funcionan bien, da a conocer datos nuevos al lector, pero necesita de una labor más profunda de documentación por parte del escritor.
  • El lenguaje utilizado se acerca al coloquial. Las pomposidades se dejan para los políticos.
  • Cuando una historia tiene muchos personajes el autor debe repetir sin miedo quién es el personaje del que se está hablando, debe acompañar al lector para que no se pierda.

Hacer oficio

No hay fórmulas mágicas para cualquier oficio más que practicarlo. No seas bruto, no quieras escribir una novela nada más empezar, primero tienes que controlar muchos aspectos de la escritura. Haber sacado las conclusiones anteriores de tus lecturas no te capacitan para ponerte a escribir algo grande. Bueno, si lo has intentado ya te habrás dado cuenta tú solo.

La escritura tiene muchos elementos que se deben controlar: saber describir, saber hacer diálogos, saber crear misterios, saber ordenar ideas, saber crear personajes, saber jugar con el tiempo, con las perspectivas, saber intercalar tramas...

Todo lleva su práctica. Escribir conlleva concentración y, muy importante, precisión. Utilizar las palabras adecuadas y ordenarlas en una frase que no tenga ambigüedades te puede llevar minutos, y seguro que no contabas con que una idea tan clara en tu cabeza costase a veces tanto trabajo plasmarla en papel y que aún así esa frase tuviera sentido. Escribir conlleva desinhibirte, olvidarte de normas y prejuicios, tomar puntos de vista dispares, imaginarte situaciones imposibles, rocambolescas, delirantes, sacar tu creatividad; conlleva acercarte más a la gente para percibir sus gestos, sus frases, sus actitudes, sus fobias...; conlleva buscar información, recoger datos, aprender; conlleva repasar y corregir, aumentar nuestra capacidad de autocrítica.

Y todo esto no nos viene dado de nacimiento.

Para practicar no es necesario escribir novelas enteras utilizando cada vez un punto de vista de narrador distinto, o un esquema estructural diferente, o... basta con hacer cuentos o relatos, empezando por algunos cortos y conforme vayamos cogiendo soltura, empezar a escribir algunos más extensos. De esta manera iremos conociendo nuestra forma de escribir, veremos que habrá palabras que usamos con demasiada asiduidad, nos corregiremos constantemente, perderemos el miedo a escribir y nos prepararemos para dar el salto conociendo nuestros puntos fuertes y débiles.

Motivación

Todo lo que escribamos quedará en nuestro cajón o en una carpeta de nuestro ordenador y no verá nunca la luz, algo que no debe preocuparnos, son textos repletos de defectos y nos da vergüenza enseñarlos. Tal vez, entre todos ellos haya algunos que estén bien, que nos guste el resultado final; con el tiempo iremos escribiendo mejor y habrá más textos dignos de mostrar que de esconder.

¿Qué hacer con esos cuentos o relatos aceptables? Internet nos da la opción de publicarlos en la web, que no queden escondidos, poder hacer un recopilatorio con nuestros mejores textos y enseñarlos al mundo, una motivación por la que seguir escribiendo sin que todo ese esfuerzo se quede en nada.

Los blogs permiten que estos textos salgan a la luz, recibir críticas y seguir mejorando nuestra escritura; no sentirte solo o creer que estás perdiendo el tiempo, que el esfuerzo que realizas no queda oculto. Con el tiempo, repasaremos los textos más antiguos y veremos nuestra propia evolución.

Para empezar a practicar nos bastará con esto, ya habrá tiempo de dar el gran salto y atrevernos con una novela.

Y como hay que predicar con el ejemplo, dejo aquí el enlace mi blog de relatos cortos, Microtheca.

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