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Manual de uso de personajes

En este artículo vamos a intentar resumir todos los aspectos a tener en cuenta para tratar a los personajes en la historia para caracterizarlos, darles la importancia que merecen, profundizar en sus pensamientos/sentimientos, referenciarlos o moverlos por el mundo describiéndolo según sus experiencias.

Nombres y referencias

Nombres simbólicos

Una de las características de un personaje a la que solemos darle mucha importancia es al nombre. Tendemos a darle a nuestro protagonista un nombre simbólico cuyo significado trascienda más allá de la historia:
Se llamará Alonso, como Don Quijote, porque encarna sus mismos valores: defender aquello en lo que cree aunque lo tomen por loco.

Se llamará Eanate que es el anagrama de Atenea, ya que el personaje es inteligente, emprendedor y defiende lo que cree justo aunque tenga que enfrentarse a sus superiores.
La realidad es que los nombres de los personajes no son tan importantes, como tampoco lo son los nombre de las personas en el mundo real.

Considera esta situación:
Te invitan a una fiesta en la que solo conoces a una persona y esa persona te va presentando a la gente que ella conoce. Al final de la fiesta te pregunta:
—¿Qué te ha parecido Pedro?
—¿Pedro es el del tatuaje en el cuello? —preguntas.
—No, no. Pedro es el que hizo el brindis.
—¡Ah! Me ha parecido que es un poco pedante, ¿no?
La situación bien puede ser una fiesta o bien tu primer día de trabajo en un nuevo sitio, donde te presentan a todos tus compañeros.

La experiencia en el mundo real lo que nos muestra es que el nombre de las personas no es nada identificativo. Identificamos más a las personas por su aspecto físico o por las acciones que realizan. Cuando presentamos personajes ocurre lo mismo.

Esto no quiere decir que no debas utilizar esos nombres simbólicos, sino que por muy simbólico que sea el nombre debemos centrarnos en no perder al lector con ellos. Claro que podemos dar nombres significativos y característicos. Así, si llamamos a alguien Pelayo damos una pista de que viene de familia adinerada; si a un personaje lo llamamos Peter, conseguimos que el lector ya sepa que no es originario de España; si lo llamamos Eulogio damos a entender que es una persona mayor por ser un nombre que actualmente ya no se pone a los niños.

Personajes con nombre

Da nombres solo a los personajes importantes. Si das nombres a todos los personajes que aparecen en la historia produces una sensación de realidad pero también produces una excelente forma de confundir al lector. En este aspecto debemos esforzarnos por evitar el segundo efecto (confundir al lector) e intentar dar sensación de realidad mediante otras técnicas. Solo los personajes principales y algunos secundarios deberían tener nombres.

De tal manera que, si un personaje pasa a un bar, no es necesario que demos el nombre del camarero, simplemente con referirnos a ese personaje como el camarero el lector sabrá perfectamente de quién hablamos. Si en ese bar hubiera dos camareros deberíamos destacar los rasgos físicos para diferenciarlos en lugar de darles un nombre. Una forma sencilla es referirnos a ellos, por ejemplo, como el camarero alto y el camarero regordete.

Así evitamos que el lector preste atención a personajes que no tienen importancia o su intervención en la trama es fugaz.

De la misma manera, al disparar nombres sin parar conseguimos que no se le dé importancia a ninguno:
En la lista de invitados confirmados tengo a Jaime, Lucas, Rodrigo, Paula, Gema, Ignacio, Aurora y Míriam. En la de invitados sin confirmar están Raquel, José Antonio, Carla, Emi y Cristóbal.
El lector nunca intentará memorizar ninguno de estos nombres porque sabe que solo están ahí para dar ese toque de realidad que tienen las historias y no porque vayamos a adentrarnos en la vida de todos y cada uno de ellos.

Personajes sin nombre

Los personajes sin importancia deben ser referidos...
  • ...según su profesión: el profesor, el barrendero, el fontanero...
  • ...según sus características físicas/apariencia: el tipo alto, el de las botas negras, la del pelo rizado...
  • ...según su acción/relación con el personaje: el que pinchó el globo, la que me invitó a la primera copa, el que tiraba piedras a mis perros...

Como curiosidad, el libro Ensayo sobre la ceguera de José Saramago consigue contar toda la novela sin dar un nombre propio y se refiere a los personajes como el médico, la mujer del médico, el primer ciego, la mujer del primer ciego, la chica de las gafas oscuras, el niño estrábico, el viejo de la venda negra, la mujer que había dicho A donde tú vayas iré yo...

Acompaña al lector

Es importante acompañar al lector durante la novela, no le dejes solo cuando traigas a un personaje que apareció antes. Cuando un personaje lleva tiempo sin aparecer el lector se olvida de él y, sobre todo, de su nombre. Después de que el personaje lleve mucho tiempo sin aparecer en la historia o sin que se hable de él dile al lector quién era ese personaje.

No escribas:
De repente Carlos entró en el bar donde me encontraba.
Escribe:
De repente Carlos, el fontanero que me estropeó la calefacción, entró en el bar donde me encontraba.
No hagas que el lector vaya hacia atrás y busque si Carlos era el fontanero que estropeó la calefacción o el electricista que le rompió la lámpara del salón. No abandones al lector, él no lo haría... a menos que tú lo hagas antes.

Como ejemplo, el libro El Terror de Dan Simmons tiene montones de personajes con nombre y consigue que durante toda la extensa novela no te confundas con ellos.

Un truco

Para que el lector sepa mejor quién es quién, presenta cada personaje después de que realice alguna acción.

El lenguaje

La forma de hablar de los personajes es un elemento caracterizador más, así como su lenguaje o sus expresiones propias. Los diferentes usos del lenguaje se explotan en los diálogos y en toda la narración si la historia está contada en primera persona.

Establecer procedencia del personaje

El lenguaje de un personaje en un diálogo puede incidir sobre su procedencia:
  • Extranjero: Yo no soy seguro de estar en el sitio correcto.
  • Procedente de una región específica: Dale un poco ma ar fuego, mi arma, que me voy a quedá ma tieso que mi abuela, que en pa descanse.
  • Incidir sobre su nivel intelectual o nivel social:
    • Culto: La reincidencia del problema en periodos cortos de tiempo nos hace pensar, no sin presentarnos ciertas dudas, que...
    • Inculto: Contra más grande se hace la planta, más a menudo me se cae al suelo desde la ventana.

Establecer estado de ánimo del personaje

También podemos usar el lenguaje para acentuar el estado de un personaje. Alguien que habla atacado o emocionado comete errores.

Imagina un personaje que aparece de repente y quiere contarnos algo fantástico que le ha ocurrido, o un personaje aterrorizado que quiere contar el susto que se acaba de llevar, o un personaje nervioso que ha dado con la solución de algún problema y nos lo hace saber inmediatamente. Todos estos personajes expresarán ideas sin incluirlas en ningún contexto, se saltarán palabras, cortarán frases a mitad, dirán cosas sin ordenar, que no tengan sentido...

Todo ello da al diálogo una sensación mayor de realidad de alguien que lucha por contar algo.

Reinvención del lenguaje

También podemos utilizar palabras en contextos diferentes al habitual, bien utilizando un significado poco conocido de la palabra o bien dándole un nuevo significado para que este nuevo lenguaje atraiga la atención del lector. Podemos deformar el lenguaje para expresar la visión de un personaje que se encuentra con fiebres, drogado o ha perdido el juicio.

El castellano es un idioma que se reinventa poco o nada. No tenemos costumbre ni tradición de crear palabras nuevas como hacen otras lenguas. De hecho leer palabras inventadas por otro autor nos da la sensación de que el lenguaje que utiliza es pobre, que ha preferido inventarse una palabra antes de buscar una con ese significado o, al menos, una que se le aproxime.

¿Por qué en castellano nos cuesta tanto crear palabras nuevas? ¿Por qué crear verbos nuevos nos hace sentir vagos? ¿Por qué importamos siempre las palabras de otros idiomas aunque éstas también sean de reciente invención en el lenguaje de origen? ¿Por qué cuando creamos estas palabras nos suenan artificiosas y forzadas? ¿Por qué somos tan estrictos con nuestra lengua? ¿Por qué no sabemos reinventarla nosotros mismos?

Crea tu propio lenguaje para tu historia.

Mediciones subjetivas

Al hablar de un personaje debemos describir el mundo desde su perspectiva: cómo lo ven sus ojos, cómo lo siente según sus experiencias.

Haz mediciones personalizadas para tu personaje:
  • Tiempo: Esperó en la parada durante tres canciones de su MP3 hasta que llegó el autobús. Jaime tarda en limpiar la casa lo mismo que una lavadora de ropa blanca.
  • Espacio: Encontró al gato cinco coches más allá de la puerta de su casa. La chica de la discoteca se puso a medio paso de distancia de él.
  • Sensaciones: Aquella habitación olía tan fuerte como el burdel de la carretera principal. La bofetada le dejó tan aturdido como un balonazo en la cara desde la distancia de penalti.
Se trata de evitar dar mediciones exactas: nada de metros, ni de minutos, ni de litros...

Otros trucos

Evoluciona a tus personajes. Presenta a un personaje con carencias que a lo largo de la historia vaya aprendiendo y se convierta en alguien mejor o bien presenta a un personaje con carencias que a lo largo de la historia vaya degradándose aún más. No presentes a ningún personaje perfecto, son aburridos y nada creíbles. Como ejemplo de un personaje pésimamente caracterizado se me viene a la mente Arnau Estanyol de La Catedral del Mar (Ildefonso Falcones), es tan perfecto desde pequeño que parece que fuera hijo de Dios y Superman.

Evita los personajes solitarios. Cuando un personaje se encuentra solo tiende a pensar y a recordar y preguntarse.
Recuerda cómo debes evitar estas situaciones en el apartado de Personajes solitarios del artículo Los verbos abstractos. Desempaquetar.

Un personaje hace cosas, se equivoca, tiene necesidades... Es mucho mejor un personaje que dice y hace cosas estúpidas que un personaje que no dice ni hace nada.

Utiliza los apartes si el narrador es uno de tus personajes, para expresar su visión del mundo y hacer comentarios que descarguen la tensión dramática.
Recuerda qué son los apartes y como utilizarlos en el apartado Los apartes del artículo Cómo dar autenticidad a una historia .
Imagen | bing.com

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