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El parón del escritor. Cómo evitarlo y superarlo

Qué mejor para un nuevo artículo después de tantísimo tiempo sin publicar nada por aquí que hablar del parón del escritor.

Normalmente identificamos dos clases de bloqueo a los que podemos sucumbir los escritores. El primero, el más conocido, es el bloqueo por la página en blanco, en el que nos sentamos para comenzar a escribir algo nuevo y no sabemos qué escribir o cómo. El segundo, del que menos se habla, es del bloqueo que se produce cuando llevamos varias páginas escritas o incluso llegamos a la mitad y no sabemos cómo continuar la historia. Vamos a hablar de este segundo bloqueo.

Las causas

Como hemos dicho, ya llevamos escrita buena parte de la historia pero llegamos a un punto en el que no sabemos cómo continuar. Las siguientes, son algunas de las causas por las echamos el freno de mano y nos quedamos parados.

Hemos perdido el conflicto

Por alguna razón hemos olvidado nuestro conflicto y nos hemos ido por otros terroteros.

A veces, dejar que los personajes sigan su rumbo según vamos escribiendo conlleva que vayan a lugares y situaciones fuera del objetivo o conflicto de nuestra historia y, lejos de enriquecerla y ahondar en ella, están perdidos. Debemos coger a nuestro protagonista y preguntarle qué ha pasado para que se bloquee. Debemos observar en él sus conflictos internos y externos.

Los conflictos externos tienen que ver con el mundo que lo rodea. ¿Por qué no es capaz de alcanzar su objetivo: se ha roto una pierna, ha sido encarcelado, han cerrado las fronteras y no puede continuar...?

Los conflictos internos tienen que ver con los sentimientos y objetivos íntimos del personaje. ¿Qué mueve realmente al personaje: busca el reconocimiento público, el odio hierve en su sangre y busca venganza o luchar por causas que considera justas, solo requiere reunir el valor suficiente para decirle a alguien que la ama...?

Si somos capaces de encontrar estos conflictos perdidos podremos encontrar la forma de reconducir nuestra escritura sin irnos por las ramas.

Nos hemos ido por las ramas.

Ha habido un momento en el que la trama se ha desviado. De las múltiples opciones y caminos que han aparecido en nuestra escritura hemos escogido uno que nos lleva a situaciones que no tienen sentido. No queda más remedio que volver atrás y buscar la parte en la que todo estaba bien y coger otro desvío que nos lleve por un camino en el que alcancemos los conflictos que nos habíamos propuesto.

Lo hemos hecho todo innecesariamente complicado

No es difícil que, con la buena intención de enriquecer la historia, hayamos acabado complicándolo todo y no solo nos cueste más escribir lo que ocurre, sino que nos hemos liado nosotros mismos. Incluso cuando escribimos alguna historia sobre alguna investigación y en la que todo tenga que estar un poco enrevesado, es posible que nos hayamos enredado y complicado la vida de forma innecesaria.

Debemos revisarlo y analizarlo. Podemos comprobar que el número de personajes no sea excesivo y, si podemos, debemos hacer que uno o dos personajes hagan el trabajo que hacían cinco o seis. A lo mejor nos hemos pasado intentando escribir desde el punto de vista de demasiados personajes y no sólo repetimos eventos comunes, sino que nos hemos pasado al escribir sus opiniones sobre todas las cosas y además de ralentizar la lectura la hacemos aburrida y deja incluso de importarnos a nosotros.

Nos creemos poco brillantes

Por alguna razón empezamos a escribir una historia. Nos pareció que sería interesante escribirla. Y conforme hemos ido avanzando en ella y en sus ideas hemos llegado a un punto en que nos da la sensación que la historia no solo no tendría interés para que la leyera nadie sino que el interés con el que habíamos comenzado a escribirla ha desaparecido.

Lo usual es que nos hayamos topado con alguno de los casos antes descritos más arriba pero en vez de reconducir nuestra historia nos inunda la mente la idea de que no escribimos más que basura y que no puede salir nada realmente bueno de nosotros. Nos exigimos demasiado y debemos aprender que no podemos ser brillantes con todas las cosas que escribimos. Solo es una primera versión. Podemos mejorarlo. Debemos encontrar cuál de las anteriores es la causa real de nuestro bloqueo y seguir escribiendo.

Trucos para evitar o superar los bloqueos

Estos son algunos trucos para continuar con nuestra escritura. Para utilizarlos no es necesario haber estado bloqueado y pueden ayudarnos para saber cuál debe ser nuestro siguiente movimiento.

El siguiente paso lógico

Es la forma más fácil de continuar nuestra escritura. Consiste en seguir la inercia de lo que ya hemos escrito. Si el protagonista ha hablado de alguien que vive lejos, comprémosle un billete de tren y hagamos que se presente allí; si hay una chica que le gusta quitémosle todos sus miedos y que se acerque a ella y le pida una cita; si está harto de su jefe metámoslo en su despacho, que cierre la puerta detrás de él y le exponga que no lo aguanta y que se va.

Un siguiente paso inesperado

No podemos olvidar que uno de los mejores recursos de los que disponemos para escribir es la sorpresa. No debemos dejar de sorprender. No solo para que posibles futuros lectores nos sigan leyendo, también para divertirnos y arriesgarnos en nuestra escritura. Si creemos que el siguiente paso lógico que debe tomar nuestro protagonista es demasiado obvio, cambiemos de dirección. Para ello es necesario cargar a los personajes de buenas razones, echar mano de conflictos internos o externos y explicar por qué ya no quiere pedirle la cita a esa chica o por qué ahora resultaría imposible dejar el trabajo y debería seguir aguantando a su jefe.

Una escena que nos pide atención

Hay escenas futuras que las tenemos claras, que queremos llegar a ellas pero hay veces que no sabemos llegar a ellas. ¿Y por qué no la escribimos ya? ¿Por qué debemos escribir todas las escenas en orden? No pasa nada por escribir una escena antes de tiempo. Seguramente, cuando la escribamos aparezca algún elemento de la historia (personaje, conflicto, secretos...) que se nos revela y nos facilite la forma de llegar a esta escena futura.

Entre éxitos y fracasos

Ya sabemos que a nuestros personajes no debemos ponérselo nada fácil, todo lo que consigan deben ganárselo a pulso y debemos putearlos todo lo que nos sea posible. Si vienen de un éxito, el próximo paso deberá ser un fracaso; si vienen de varios fracasos, tal vez ya va siendo hora de ayudarles un poco y que tengan éxito en la siguiente escena.

Cambios de intensidad

Las historias deben cambiar el grado de tensión durante su desarrollo. No todo debe ser superar obstáculos fáciles. Tenemos que ser un poco cabrones y hacer que algo ensombrezca la historia durante un rato. De la misma manera que no debemos hacer un desarrollo de continua tensión y violencia y necesitamos crear momentos tranquilos para poder respirar. Hagamos que nuestro héroe muestre su lado malvado o que nuestro villano saque la humanidad que esconde.

Abandona la historia

A veces (muchas) escribimos historias que no funcionan, que no hay por dónde cogerlas, que están llenas de lagunas, que no tienen conflicto ni motivaciones, que no avanzan. Estas historias, simplemente, debemos abandonarlas y empezar algo nuevo. No tenemos que tirarlas o eliminarlas. Siempre podremos volver a ellas, recuperar algún fragmento o comenzar a escribirlas con mejor inspiración.

Basado en el artículo | Writer’s Block—Where It Comes From, and How to Break Through

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