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Las 17 técnicas necesarias para escribir humor

El humor, al contrario que otros géneros, puede ser aprovechado en cualquier escrito. Por muy formal y serio que éste sea, nunca está demás dejar caer algo de humor. Si escribimos artículos periodísticos, científicos, ensayos, novelas... siempre podemos darle un toque de humor; no es, por el contrario, tan fácil de dar un toque de ciencia-ficción o un toque de novela negra a un ensayo sobre economía (y si somos capaces de hacerlo, realmente estaremos dándole un toque de humor al juntar dos cosas muy distintas entre sí). El humor es un recurso más que tenemos para darle cuerpo a nuestros escritos y siempre es bien recibido por el lector.

Sin embargo, me centraré en cómo escribir historias de humor. El título del artículo se refiere a "escribir humor", no "escribir con humor" ni "escribir monólogos de humor", así que no esperes otra cosa (ni parodias ni sátiras).

Antes de lanzarte a escribir humor

Una historia de humor no es una historia donde aparezcan chistes aislados, uno detrás de otro, e intentemos hilarlos para dar cierto sentido. Una historia de humor es una historia como cualquier otra: debe tener su protagonista que busca o lucha por algo y se encuentra una serie de obstáculos. Si bien, una historia de humor consiste en contar una historia de manera divertida. El humor es subjetivo y a los lectores no pueden gustarle todas las bromas por lo que es necesario que, al menos, haya una historia sólida detrás, si además se ríen y se divierten, es un extra que se llevan.

Si la historia comienza con una premisa que inmediatamente sugiere algo divertido el resultado será más potente. La historia de una vaca que se escapa de su granja porque ha oído que quieren hacer hamburguesas con ella y decide ir a la India porque allí las vacas son sagradas (este es el argumento de ¡Muuu! de David Safier) es una premisa mucho más divertida que la historia de un administrativo que decide dejar su trabajo para vender helados.

Para ello también es muy importante establecer la voz desde el principio. Que el narrador nos muestre un tono cercano desde el comienzo y nos dé sus impresiones y opine sobre lo que ocurra (sea en primera o tercera persona) ayuda a conectar mejor con el lector.

Las historias de humor tratan de personajes haciendo el tonto alrededor de un tema. Pero debemos tener cuidado de que las tonterías que hacen los personajes no sean demasiado tontas o ahuyentaremos a todos los lectores.

El humor requiere que nos exprimamos las neuronas un poco más que de costumbre para ser lo más originales y creativos posibles. La creatividad depende directamente de nuestro grado de desinhibición, por lo que no debemos tener miedo a decir algo atrevido o irreverente. Que no nos importe ofender, siempre que no nos convirtamos en ametralladoras de insultos gratuitos.

Y ahora sí, vamos a ver...

Las técnicas

1. Los reveses

Son la base del humor. A partir de ellos aparecen todas las demás técnicas y métodos. Los reveses consisten en hacer que ocurra algo inesperado.

Debemos crear unas expectativas para que finalmente ocurra lo contrario. Nuestros personajes nunca deben tener éxito, deben luchar con uñas y dientes para luego fracasar.

Por ejemplo, es lo que hace constantemente Frank McCourt en su autobiografía Las cenizas de Ángela. Abusa tanto de ello que por la forma en la que anticipa los acontecimientos ya podemos saber si algo le va a salir bien o mal. Sin embargo continúa siendo una lectura atractiva porque queremos saber qué ocurrió para que fracasase una vez más.

2. Lo más ilógico

Cuando queremos que suceda algo también podemos buscar la forma más ilógica de que eso suceda.

Si queremos que un personaje que es carnicero pierda una mano, no la perderá con la máquina picadora de carne ni con un cuchillo, sino por el ataque de un oso panda. No se conocerán en una fiesta o por internet sino esperando en la consulta del urólogo cuando ella acompaña a su hermano a una revisión y lo conoce a él en la sala de espera.

Hay situaciones (como la del oso panda) que tendremos que describir bien para darle todo el sentido posible. No debemos permitir que un acontecimiento ilógico quede como un chiste tonto, tenemos que esforzarnos en que tenga toda la verosimilitud dentro de nuestra historia.

3. Las listas (la Regla del 10)

Hagamos listas de todo. Hay una regla, la Regla del 10, que dice que se tardan diez intentos en dar con el mejor chiste. Se trata de un ejercicio para estimular la creatividad y no quedarnos con lo primero que nos venga a la mente.

  • Los diez nombres que no tendría un torero.
  • Los diez lugares a los que no asistiría una condesa.
  • Las diez preguntas que nunca haría un niño de seis años.
Como puedes comprobar, todos los títulos de las listas tienen el advervio «no», porque para encontrar situaciones divertidas tenemos que bucear en lo más ilógico.

4. Une dos elementos diferentes (el ejercicio del periodista)

Ya lo he avanzado en el comienzo del artículo cuando proponía escribir un ensayo económico con un toque de novela negra o ciencia-ficción. No es imposible escribirlo (y tal vez no sea excesivamente difícil) pero el resultado será un texto más humorístico que formal, aunque sea un ensayo serio. Y no es malo, todo lo contrario, si pudiésemos escribirlo tendríamos un libro muy original, riguroso pero cercano a los lectores y seguramente se vendería estupendamente. Lo que intento decir es que cuando juntamos dos cosas muy diferentes lo más común es que obtengamos un resultado divertido.

Cuando queramos escribir sobre un tema (por ejemplo, la explotación de recursos naturales) es recomendable hacer el ejercicio del periodista: hacernos todas las preguntas que haría él: Qué, Quién, Cómo... pero en las respuestas deberíamos buscar los elementos que no encajarían. Es decir, deberíamos hacer listas con lo más ilógico que sucedería.

5. La Regla del Tres

Consiste en realizar reveses en tres cómodos pasos: dar dos pasos hacia una dirección y en el último cambiarla para que el lector se quede con el culo torcido.

Tiene que ser en tres pasos, ni uno más ni uno menos. Los humoristas americanos, como nuestro mejor referente, ya lo tienen estudiadísimo y comprobadísimo.

Consejos para hablar inglés correctamente: no tener vergüenza al hablarlo, prestar atención a la pronunciación y haber crecido en Inglaterra.

6. Los clichés

Debemos aprovecharnos de los clichés porque nos dan parte del trabajo hecho. Nos dan la predisposición a encontrarnos una situación, un diálogo o un lugar de cierta manera y solo tenemos que darle la vuelta.

La película Shrek es un buen ejemplo: la princesa no es rescatada por un príncipe sino por un ogro, por encargo del príncipe que no es guapo ni alto ni es bueno. La princesa no es delicada, sabe luchar y su verdadero aspecto no es bonito.

7. Comparaciones y metáforas

Las comparaciones de dos cosas aparentemente diferentes o dispares o con elementos que estén fuera de la escena siempre sacan alguna sonrisa. Son aquellas comparaciones tipo «te mueves menos que los ojos de Espinete».

Las comparaciones serán las muletillas sobre las que más nos apoyemos para escribir humor: muchas veces salen solas, ayudan a describir los objetos, escenarios... y si las realiza un personaje (bien en un diálogo o bien un narrador en primera persona) podemos aprovecharlas para definir el mundo del personaje.

Apareció una chica muy sexy: alta, delgada y con un cuello más largo que un día sin móvil.

Esta frase estaría muy bien para un personaje que sea, por ejemplo, inversor de bolsa (pues su trabajo y su vida dependen del teléfono móvil) o un adolescente hiperconectado.

Las comparaciones con animales suelen ser muy efectivas.

8. Variación del lenguaje

Consiste en hacer que un personaje educado diga alguna burrada impropia de él o describir una situación de manera formal para acabarla de manera inesperada.

El presidente del gobierno se excusó educadamente, dio las gracias a todos por asistir y abandonó el consejo de ministros para plantar un pino.

9. Los detalles

Los detalles siempre recrean una imagen más nítida en la mente del lector. Cuanto más clara se reciba la situación más atrapado tendremos al lector.

No diremos simplemente que se puso música para concentrarse en el trabajo. Diremos que se puso Boney M para concentrarse mientras trabaja.

Una vez más, los detalles deben ser diferentes a lo que se espera. Para trabajar con música de fondo es muy recomendable ponerse música clásica, pero como tenemos que darle la vuelta, debemos elegir un tipo de música muy distinto como pueden ser Abba, El Consorcio o las coplas de Marifé de Triana.

O simplemente utilizaremos hechos y detalles aleatorios. En El desayuno de los campeones de Kurt Vonnegut, por ejemplo, comienza a especificar longitudes y grosores de los penes de algunos personajes masculinos así como la talla de senos de los femeninos. Son detalles que no caracterizan a los personajes pero el empeño del autor por especificar algo que no tiene relevancia llega a sacarte alguna sonrisa.

Otra forma de aprovechar los detalles para el humor es realizar descripciones evidentes.

Una mesa es un silla grande sin respaldo.

10. Jugar

Simplemente debemos dejar a un lado nuestros prejuicios y todo lo que hemos aprendido para volver a ser niños de seis años y pensar como lo harían ellos. Esto es especialmente útil en las lluvias de ideas cuando realizamos las listas.

Cada cosa se llamaba como debía. Me parecía inexplicable en cambio que si al pronunciar la palabra gato aparecía un gato dentro de mi cabeza, al decir «ga» no apareciera medio gato.
El mundo
Juan José Millás

11. Eufemismos

Siempre debemos tratar de

crear un vocabulario propio para cada una de nuestras historias. Una forma fácil de llevarlo a cabo es mediante los eufemismos: dar a los elementos un nombre distinto al original.

No se trata de cambiarle el nombre a todas las cosas y que las farolas pasen a llamarse cigüeñas, los paraguas pasen a llamarse superbastones... El cambio de nombre debe tener una carga emocional para el personaje. Como lectores nos gusta saber descifrar esos eufemismos porque nos hacen sentir más inmersos en la historia, que la comprendemos y que sabemos seguirla con sus propios códigos.

Para que sea divertido tendremos que buscar eufemismos que poco tengan que ver con las palabras originales. Volviendo a El desayuno de los campeones de Kurt Vonnegut, el autor habla durante una parte del libro de «castores bien abiertos»; las historias de ciencia-ficción que el personaje escritor publicaba, estaban ilustradas con fotos de castores bien abiertos. Esos castores significaban mujeres desnudas con las piernas bien abiertas.

INCISO 1: Aunque con los ejemplos que he escogido no lo parezca, El desayuno de los campeones es un libro brillante y lo recomiendo sin dudar, sobre todo a los que quieren escribir, ya que gran parte de él trata sobre la creación de historias, los personajes, los temas...

INCISO 2: Sí, parece que los chistes sexuales y de caca-culo-pedo-pis nos siguen haciendo gracia en la edad adulta.

12. Las ironías. Como pez fuera del agua

Siempre debemos elegir lo menos esperado para cada elemento de una historia de humor: el peluquero calvo, el médico fumador, la modosita que le gusta la música heavy-metal... Es un recurso muy facilón, pero a nuestras mentes le gusta.

No es casualidad que en la película Resacón en Las Vegas el personaje que pierde un diente sea dentista.

Podemos coger a nuestro personaje y presentarlo en la situación más embarazosa o que menos controle: dejarlo como pez fuera del agua. ¿Cómo actuaría alguien de clase baja (y que desconoce todos los protocolos) en una cena de etiqueta? ¿Cómo actuaría alguien que odia los niños ante un grupo de niños que se ve obligado a cuidar?

13. Mentiras obvias

Las mentiras y las exageraciones obvias son divertidas. Y como lectores nos acercan más a la historia porque al reconocerlas somos cómplices de sus códigos internos.

—Buelas doches, caniño.
—¿Has vuelto a beber?
—¡Noooo!

14. Que el lector rellene los huecos

Siempre intentamos que el lector tenga claro lo que queremos decir, sin embargo, no es bueno dárselo todo masticado. El lector sabe unir dos puntos él solo si lo planteamos bien. Si apelamos a su inteligencia la lectura se le hará más agradable.

Por fin, Effrom relacionó las cosas. Había visto una película sobre unos extraterrestres: ellos venían a la Tierra a curar, pues tenían ese poder. De acuerdo, éste no era aquella monada con una cabeza de cuero redondita, pero no era un monstruo. Era una persona perfectamente normal, sólo que de otro planeta.
—Y bien, ¿quieres usar el teléfono o algo así? —preguntó Effrom.
—¿Para qué?
—Pues para llamar a casa. ¿No quieres llamar a tu casa? —preguntó Effrom extrañado.

Un lío de mil demonios
Christopher Moore

En este ejemplo lo que tiene que rellenar el lector es: la película E.T. el extraterrestre, un clásico de Steven Spielberg. Effrom cree que se le ha aparecido un extraterreste (en realidad es un demonio) y la única referencia que debe tener de los alienígenas debe ser esta película, cuya frase más famosa es «E.T. Teléfono. Casa». Por eso insiste en que el supuesto extraterrestre llame a su casa.

Lo más sencillo para que broten estos chistes es hacer uso de los clichés y de la cultura popular.

También podríamos incluir en este apartado los chistes basados en los dobles sentidos de las palabras y expresiones.

—¿Es la tienda de electrodomésticos? Les llamo por la tostadora que compré ayer.
—¡Pues qué bien se escucha!
En este ejemplo se ha hecho uso de la anfibología para crear humor.

15. Los escenarios

Deben ser visualmente atractivos, que tengan objetos con los que los personajes puedan interactuar. Debemos cambiar aquellos que siempre son iguales en todas partes.

No hagamos de una sala de interrogatorios una habitación gris con una mesa, dos sillas y un espejo. Pongamos papel pintado en las paredes con colores chillones, buena iluminación, una mesa baja blanca, dos sillones de diseño, música chillout de fondo y una fuente de agua en un rincón. Podemos (o debemos) darle sentido y diremos que es una nueva técnica de persuasión psicológica apoyada en varios estudios de prestigiosas universidades.

16. Reacciones incoherentes

Cuando los personajes interactúan podemos cambiar la reacción esperada. Ante un hecho o acontecimiento memorable haz que otro personaje le reste importancia y al revés: ante un hecho nimio trata al personaje que lo realizó como un héroe.

Vamos, que te sientas como si fueras el editor jefe de un telediario y la noticia del gran avance científico la ocultes a la media hora de programa y la foto de un futbolista pasando las vacaciones con su familia y que ha subido él mismo a un red social aparezca en titulares como noticia destacada del día.

Hagamos fiestas aburridas y funerales divertidos (¿Os acordáis del funeral de David? ¡Qué bien nos lo pasamos!).

17. La caracterización de los personajes

No solo debemos crear las situaciones para que sean divertidas, también debemos prestar atención a la caracterización de los personajes. La siguiente lista enumera las características que nos podemos plantear en darle a nuestros personajes para que resulten más graciosos.

  • Torpeza. Ya hemos dicho que debemos hacer que al personaje le salga todo mal pero si además es torpe, absolutamente todo le saldrá mal.
  • Ignorancia. Un personaje con conocimientos limitados nos ayuda a meterlo en situaciones complicadas. Si además el personaje quiere ocultar su ignorancia puede darnos grandes momentos.
  • Forma de hablar. Si el personaje tiene cierto acento o si utiliza alguna coletilla siempre que habla, nos vendrá muy bien.
  • Mala educación. Si el personaje es agresivo, no respeta normas esenciales, le da igual todo... puede meterse en unos líos de lo más entretenido.
  • Manías. Manías raras, casi de psiquiatra. Manías que saquen de quicio a otros personajes.
  • Egocentrismo. Personajes que solo miren y piensen en su beneficio, sin empatía ni capacidad de ver los defectos propios. ¿Y qué tal al contrario: un personaje que lo dé todo para los demás y se despreocupe de sí?
  • Fobias y miedos. Si le damos a un personaje algún miedo tendremos que enfrentarlo a ese miedo en alguna escena.
  • Impertinencias. Los personajes impertinentes se ponen a hablar de algo en el peor momento, bien para tapar un silencio incómodo bien por incapacidad para seguir la conversación (porque no saben o porque no les interese).

En resumen

Reveses, reveses y más reveses. El humor se basa en cambiar el resultado de lo que se espera. Tan fácil y tan difícil.

Y una vez más (porque lo considero clave): las historias de humor son historias contadas de manera divertida.

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